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Alfonso Ugarte saltó del morro de Arica segun Vicuña Mackenna

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lunes, 22 de diciembre de 2014

En 1881, el periodista e historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna publica su obra "La campaña de Lima 1880-1881", donde describe en dos pasajes como fue la muerte de Alfonso Ugarte.

En la primera mencion indica que Alfonso Ugarte se despeñó al mar desde el Morro de Arica comparandolo con La Rosa en Iquique durante las guerras de Independencia. Mas adelante expresa que una fortaleza sobre una elevacion de terreno (eminencia) cerca al mar recibia su nombre en recuerdo de Alfonso Ugarte.

Capítulo XXIV Los últimos aprestos de Piérola

En cuanto a la ciudadela Piérola, último desatino militar del dictador, fue construida por Gorbitz en los últimos días de diciembre, alternándose los cuerpos militares en el trabajo mediante primas en incas de plata que se les pagaban. El ingeniero austríaco, con fecha 13 de diciembre da cuenta de estas primas, y todavía el 31 de diciembre el secretario general García y García disponía que cien «matriculados» (fleteros) del Callao viniesen a prestar sus servicios en la cima del San Cristóbal, a las órdenes del comandante Villavicencio. El 2 de enero se ensayó la luz eléctrica en la cumbre de la fortaleza, el 5 quedó establecido el telégrafo y sólo el 9 de enero fue montada a brazos la última colisa del Apurimac.



Con fecha 17 de diciembre el dictador había dispuesto asimismo que a la fortaleza de Miraflores más vecina al mar se le diese el famoso nombre de Alfonso Ugarte, en memoria del bizarro mozo que, como La Rosa en Iquique, se había despeñado al océano desde la cumbre del morro de Arica.
Hecho todo esto y tomada posesión militar de las vías férreas el 22 de diciembre, el dictador ordenó el día siguiente, 23 de diciembre, que el ejército de línea en número de 20 mil hombres ocupase las líneas de Chorrillos y que la reserva saliese el día de Navidad a ocupar sus puestos en las de Miraflores.

Capítulo XXIX Los chilenos delante de Miraflores

La fuerte línea peruana se extendía ocho o diez cuadras al frente de Miraflores por el espacio de dos leguas, más o menos, como la de San Juan, entre el alto e inaccesible barranco del mar que por el poniente le servía de reparo hasta los cerros de Vásquez, estos últimos erizados de minas y provistos de cañones de calibre, servidos por la marinería, y teniendo a su espalda sucesivamente las altas baterías del San Bartolomé y del San Cristóbal. Los peruanos habían ido a buscar asilo a su miedo hasta en las nubes.
Cada ochocientos o mil metros, aquella línea desigual, que seguía la dirección de las paredes de los potreros irrigados, separándolos del eriazo u hondonada del Barranco y de las chácaras de la pampa, estaba interrumpida por un reducto de sacos de arena de siete a ocho hileras de elevación, con un ancho foso lleno de agua por el frente, escarpa y contra escarpa para resistir a los cañones de batir y provistos por la parte interior con una serie de escalinatas proporcionadas a las tallas de la tropa, para que ésta pudiese herir sin ser dañada y aun sin ser vista. El más poderoso de aquellos reductos estaba colocado sobre una eminencia a cincuenta metros de la playa y era el que a fines de diciembre los peruanos habían bautizado por su ubicación y su recuerdo con el nombre de Alfonso Ugarte. Era ésta una fortaleza completa, de forma circular, ejecutada para resistir el ataque de una escuadra, y esta armada, además de varias ametralladoras, con dos cañones Rodman de gran calibre extraídos de las baterías del Callao. Aquel reducto era la torre de Malakoff del Sebastopol peruano.
La prolongada cortina, más o menos accidentada, que se extendía hasta el paso de los rieles estaba armada de trecho en trecho con cañones Grieve fundidos en Lima y sería defendida en aquella jornada por las tropas del coronel Cáceres que apenas habían peleado en San Juan, pero no en Chorrillos.



Vicuña Mackenna se refiere al teniente coronel Pedro de La Rosa y el sarjento mayor Manuel Taramona que se hallaban en Iquique combatiendo contra los realistas, quienes prefirieron la muerte entre las olas a admitir de los enemigos del Perú, la vida.

En el Mercurio Peruano 466 del 7 de marzo de 1829, Felipe Pardo y Aliaga escribe la siguiente nota:

...El batallon rechazo varias cargas sucesivas y no se retiro hasta que quedo en una cuarta parte de su numero. La Rosa dirijio la retirada con tanta destreza y serenidad que logro llegar al puerto de Iquique y embarcar toda su tropa. Solo quedaban en la playa los dos amigos, cuando desgraciadamente llegaron a Iquique los Españoles. Ni un momento dudaron los dos jovenes del partido que debian tomar; se arrojaron al mar e intentaron llegar al buque que se hallaba fondeado a mucha distancia. Los realistas hicieron los mayores esfuerzos para salvarlos; les echaron cuerdas y les instaron con grande empeño que se asiesen de ellas para volverlos a tierra. Mas ellos resueltamente contestaron: -que no querian aceptar la vida de las manos que esclavizaba a su Patria.- Depues de haber luchado largo tiempo con las aguas al fin perecieron. Sus cuerpos, que las olas arrojaron a la playa, fueron sepultados por los habitantes en la misma tumba.




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